Entrevista Juan Luis Linares

En Noviembre de 2014, coincidimos con Juan Luis Linares en el XXXV Congreso Nacional de Terapia Familiar de Sevilla.

Aquellos días, tuvimos la oportunidad de grabar esta entrevista que ahora queremos compartir contigo como anticipo de la próxima Jornada sobre relaciones familiares con Juan Luis Linares que celebraremos en Marzo en Cartagena.

 

Transcripción completa de la entrevista

Ana Caparrós, presidenta de la ATFRM: Bien, en el Congreso haces referencia a las Técnicas Activas como técnicas inteligentes, ¿a qué te refieres con esto?

Juan Luis Linares – Partamos de la base de que yo creo que todas las técnicas en principio son activas, es decir, que me cuesta mucho imaginarme una técnica pasiva. En cambio, lo que yo estoy desarrollando y proponiendo es el concepto de Inteligencia Terapéutica. Donde, bueno, aplicado a las técnicas o canales de intervención pues tendríamos tres grandes soportes de esa inteligencia terapéutica, que es el uso que cada terapeuta hace de sus propios recursos: 1. Hay quien está más dotado para hacer digamos, alardes o pinitos de… (no alardes, es una palabra demasiado ambiciosa… Pinitos, quizás es demasiado modesta, pero ponlo entre lo uno y lo otro) de tipo cognitivo, de tipo lo que yo llamo, capacidad literaria, o sea, inventar historias, proponer lecturas distintas de las historias que te traen la familia, las personas. Ese es un soporte. Bueno, o hay quien está más dotado para digamos, lo emocional, para usar su inteligencia emocional al servicio de un cambio terapéutico; y hay quien está más dotado para propuestas prácticas, para generar dinámicas a partir de descripciones, descripciones comportamentales. Bueno, todo eso son los recursos propios del Terapeuta y constituyen uno de los pies de la inteligencia terapéutica. 2. El segundo sería lo que yo llamo una “pista de baile” para la danza terapéutica. Una pista de baile que cada cual se construye, también. Que la mía está armada en 4 dimensiones: entre la relación y el síntoma, entre el individuo y el sistema, entre la prolongación y la acomodación y entre la externalización y la internalización. Pero ese es el mío, esa es mi pista de baile. Cada cual puede tener la suya. 3. Y por último, la 3ª pata de la inteligencia terapéutica es el uso de guiones específicos para las diferentes problemáticas psicopatológicas, en un sentido muy amplio. Guiones específicos porque no es lo mismo tratar a un psicótico que a un depresivo o que a un trastorno límite. Y ahí también reclamo inteligencia terapéutica. Bueno, esa es un poco la idea. Me parece una dimensión interesante en su momento  que lo de activo o pasivo porque creo que todo es activo en esta parte del territorio.

A.C. Claro, eso me hace darme cuenta que quizás es a eso a lo que te refieres cuando nosotros leíamos cosas tuyas y parecía que hacías un llamamiento al sentid común, ¿no? de los propios terapeutas. Ahora entiendo que quizás haces referencia a que seamos conscientes de nuestras propias capacidades para poder ver qué tipo de pata utilizar en nuestra…

J.L. – Sí, yo creo que el llamado sentido común es como más genérico, como más básico, que desgraciadamente, pues ya sabemos, ¿no? El refrán ese que dice que “es el menos común de todos los sentidos”, ¿no? Pues bueno, a veces se pierde un poco el norte. Pero sí, para mi sentido común e inteligencia terapéutica pueden ser términos bastante asimilables. Porque lo que pretendo no es que cada terapeuta sea un lince con una capacidad intelectual por encima de los 150… No…

A.C. – Menos mal (risas).

J.L. – No es eso, con sentido común, se funciona muy bien.

A.C. – Claro, es que nosotras nos reunimos para reflexionar sobre lo que queríamos preguntarte y entonces también nos dábamos cuenta que a ver qué pasaba con esto de las técnicas activas, ¿no? Que nos podía hacer pensar a algunos terapeutas, quizás a no estar preparados, porque ser un terapeuta moderno era utilizar las técnicas activas y creemos… A ver, ¿tu qué piensas respecto a esto? O que puede ser una manera, porque nos pareciera que ahora puede que esté habiendo como una diferenciación dentro de la terapia familiar sistémica de los diferentes modelos.

J.L. – Mira, yo creo que haya diferentes modelos es inevitable y es bueno, incluso. Siempre y cuando esos modelos no se pongan a competir demasiado por el territorio sino que se den la mano y que complementen. Porque si no, estaremos ya como otros modelos, valga la redundancia, donde han habido todo tipo de cismas, de luchas, de expulsiones y heterodoxias terribles, cosa que nunca pasó en la Terapia Familiar. Precisamente nos hemos definido por ser gente integradora,  por ser gente colaboradora y con tendencias a la complementariedad. Así que ojala que podamos seguir así. En cuanto que empiece a haber alguien que diga: “no, no, no. Con la Terapia Centrada, Breve x, y o z… O con la Terapia Larga, Centrada en a, b o c… se cura más y se trabaja mejor. Pues estaremos diciendo tonterías, por una parte; y por otra, rompiendo ese panorama colaborativo que ha sido siempre la Terapia Familiar.

A.C. – Oye, y ¿cómo eres de creativo en tu práctica clínica?

J.L. – Mucho (risas).

A.C. – Algún ejemplo, por favor.

J.L. – No, creo que todos somos creativos.

A.C. – Tu, ¿en especial?

J.L. – Yo soy creativo, al estilo Juan luis Linares.

A.C. – (risas).

J.L. – Y tú eres creativa, al estilo Ana Caparrós.

A.C. – Gracias.

J.L. –Yo, en algunos momentos como sabes, he practicado mucho lo que es escribir cartas terapéuticas y luego he escrito un libro junto con otros colaboradores sobre ello y las cartas terapéuticas en ese momento encarnaban bastante esa idea de la creatividad. Pero bueno, claro, cuando uno se acostumbra mucho a una técnica pues ya empiezas a sentirlo como una rutina y entonces te apetece cambiar, ¿no? Yo ahora siento más mi creatividad en temas emocionales, probablemente, eh? Cuando yo vibro con la gente, cuando pongo sobre la mesa mi empatía humana y no sólo mis conocimientos profesionales. Es el tipo de creatividad que en estos momentos me motiva más.

A.C – Vale, pues seamos creativos, cambiemos de tema. En las IV Jornadas Aragonesas, en ellas, Marino Pérez, psicólogo, Terapeuta Familiar de la Universidad de Oviedo, daba su opinión sobre los criterios diagnósticos del DSM, del CIE y la avalaba junto a otros profesionales americanos, por ejemplo como el Instituto Nacional de Salud, que anunció que no confiaba en la clasificación como ingleses. ¿Qué opinión tienes sobre estas cosas que están pasando? Es un tema de actualidad.

J.L. – Sí, sí, yo he manejado esa  bibliografía americana e inglesa, muy crítica con el DSM, básicamente con los DSMs. Y yo la suscribo totalmente. Yo creo que el DSM tuvo en su momento, un sentido y tuvo algo positivo, que fue por una parte, flexibilizar el diagnóstico. El diagnóstico multiaxial, por ejemplo, representaba un loable esfuerzo por flexibilizar y complejizar el diagnóstico, ¿no? Pero luego, se han producido yo diría que fracasos estrepitosos que han acabado arruinando lo que en principio podía tener algo de buena intención, ¿no? Por ejemplo, la separación entre síntomas y personalidad. Eso ha terminado siendo una consagración de una dicotomía que no se corresponde con la realidad psicológica. No somos síntomas, por un lado y personalidad, por otro. Si no que somos una unidad integrada. Entonces, bueno, el DSM…

A.C- ¿Hacia dónde va, el DSM?

J.L. – Bueno el DSM – V como ha sido como una especie de lucha escocesa donde, “que salía, que no salía, que si lo retiraban, que si lo volvían a sacar…” La verdad es que me ha terminado desmotivando bastante. Yo la verdad que hacia donde vaya el DSM ni me preocupa ni creo que sea tema mío. Yo se hacia donde voy yo (jeje).

A.C – Justo, eso viene con lo que te queríamos también preguntar. Porque Marinó habló al final de su exposición de tu sistema diagnóstico como el futuro de las clasificaciones diagnósticas, una clasificación relacional. ¿Cómo ves esto?

J.L. – Hombre, me honra mucho que me identifiquen con el futuro. Ojala que siga siendo así, mucho tiempo. Y en cualquier caso yo modestamente lo que pretendo no es llenar todo el futuro sino dar un pasito en la línea que me parece correcta. Y aportar un granito de arena, en esa línea. Que es explorar las bases relacionales de la psicopatología. Y establecer unos puentes entre las grandes agrupaciones psicopatológicas que existen y no hay la menor duda de que existen y que es una estupidez pasarse la vida cuestionándola: universo psicótico, universo neurótico, universo depresivo, universo postpsicopático, en un sentido de historia del diagnóstico, que yo le llamo trastorno de vinculación social. Esas cuatro grandes agrupaciones psicopatológicas, sintomáticas tienen unas especificidades relacionales complejísimas. Estudiémoslas.

A.C – Mira, eso me recuerda a que en cierta ocasión tuve la oportunidad de escucharte y preguntar a Luigi Onnis, dónde metería él los trastornos psicosomáticos, ¿no? En tu eje relacional. Creo recordar que quedasteis para verlo juntos. ¿Cómo quedó eso?

J.L. – Bueno, no lo hemos visto juntos formalmente pero llevamos muchos años intercambiando ideas y libros, artículos, y charlas y afecto  personal. Con lo cual hay un buen entendimiento. Mi hipótesis es que efectivamente lo psicosomático, lo mismo que todo el espectro de las drogodependencias no tiene una ubicación específica en ese grupo de cuatro grandes, o en ese mapa de cuatro grandes agrupaciones, sino que se distribuye por él, en general todo lo que se ha convertido en un determinado momento en una epidemia, todo lo que se ha expandido de una forma así espectacular en poco tiempo, pierde especificidad en sus bases relacionales. Eso pasó con las drogodependencias, pasó con los trastornos alimentarios, pasó y está pasando con el TDHA.

A.C – Sí, sí.

J.L. – Por tanto en un sentido amplio también pues con la patología psicosomática porque los trastornos alimentarios se incluyen ahí.

A.C – Ya estamos terminando porque tiene que ser breve esta entrevista, pero cambiando de tema. Lo último que hemos visto anunciado es que distintos directores, escuelas, lleváis años reuniéndoos para debatir sobre vuestro quehacer clínico. En esta ocasión habéis decidido hacerlo público, ¿no? Y le habéis llamado “Simposium, Terapia Familiar en Acción. Lo que nos intriga en la práctica”. ¿Cuál es vuestra intencionalidad?

J.L. – Pasárnoslo bien juntos.

A.C – Muy bien. Es lo mejor. Claro, porque decíamos, qué interesante que esta visión pueda servir para unir a las escuelas. Como hablábamos antes de los modelos, ¿no? Que las escuelas se reúnen, que hablan y otras escuelas puedan  hacer eso, ¿no? No vivirnos como competencia, ¿no? en el mercado, sino bueno un poco compartir si es esa vuestra intencionalidad. Porque nos comentaba Javier Bou, que este año les toca en Valencia, lo hacen junto con Annete, pero que llevabais años haciéndolo pero que habéis decidido ahora para pasároslo bien. ¿Y qué más? ¿Hay algo más?

J.L. – Sí. Claro, claro, por supuesto. Deleitar aprovechando es la fórmula, ¿no? La parte del deleite está garantizada. Y la parte del provecho, pues también porque el simple hecho de reunirnos. Siempre hacemos una reunión privada en la que intercambiamos ideas y propuestas sobre el estado de la cuestión y la formación en España. En España y su contexto que es Europeo y latinoamericano, en fin, ibérico, diversos contextos. Y luego hacemos una sesión pública en la que por una parte, digamos que atendemos a la necesaria financiación del asunto (se ríe) y por otra ponemos al alcance del público lo que estamos haciendo, lo que nos traemos entre manos, bueno, creo que es una fórmula estupenda.

A.C – Mira, es que me viene para la última pregunta. ¿Qué llevas entre manos actualmente en tu carrera profesional? ¿O qué estas escribiendo, qué estas investigando? A ver, qué llevas entre manos.

J.L. – Bueno, el tema siempre básico y fundamental en mi carrera profesional desde que la empecé hace cuarenta y tantos años es la psicosis. Y el libro de la psicosis está ya en avanzado estado de redacción.

A.C – Muy bien.

J.L. – Y yo espero que en el año próximo, en el 2015, ya aparezca. Ese es “mi gran tema”. La psicosis, las bases relacionales de los trastornos psicóticos, la triangulación desconfirmadora, la terapia familiar de la psicosis como un proceso de reconfirmación. En fin, todo ese tema. Pero bueno antes que eso va a salir en Marzo probablemente en Gedisa el libro sobre “las practicas alienadoras familiares”, el síndrome de alienación parental reformulado. Que ese es un material que ya está entregado y listo para publicar. Y luego hay muchos proyectos, si me dura la cuerda…

A.C – Que así sea!

J.L. – Sí, sí.

Pero ¿y de investigación?, llevas así algo.

J.L. – Hombre sí, de investigación tenemos… El frente principal es el de la psicosis, le dedicamos un día a la semana y eso está en activo. Aparte de eso, aunque yo no lo llevo directamente pero de alguna manera lo superviso también… Otra investigación son los trastornos límites de personalidad. Y últimamente estamos abriendo también, paso a paso pero con firmeza, un proyecto de investigación sobre las bases relacionales de la fibromialgia. Y siempre está ahí mi escala de parentalidad y conyugalidad, el cuestionario de relaciones familiares básicas, que se sigue validando en varios idiomas y aplicando en diversos sectores psicopatológicos. Y hay más.

A.C – Bueno, está muy bien, está muy bien.

J.L. – No nos aburrimos, Ana.

A.C – No, no, ya veo que no. Bueno, Juan Luis, sólo me queda decirte gracias. Gracias por atendernos, por regalarnos un trocito de tu tiempo, que es tan valioso y bueno, pues quizás más adelante tengamos la oportunidad de volver a entrevistarte.

J.L. – Ojala que sí porque es un placer ser entrevistado por ti.

A.C – Gracias.

 

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